Cómo motivar a los empleados

Motivar a los empleados es rentable. Quien está motivado no se limita a cumplir con su tarea, sino que trabaja más y mejor. Numerosos estudios demuestran que los empleados quemados trabajan un 30% menos, venden la mitad y son tres veces menos creativos. Por ello, muchos tratan de descubrir el secreto para motivar a los empleados.

¿Por qué están relacionadas motivación y productividad?

Motivar a los empleados impacta directamente en la productividad. Porque detrás de cada comportamiento – o sólo hay información y razón. La neurociencia ha demostrado que nuestro cerebro más primario se impone para incluir por su cuenta deseos, aspiraciones y pasiones.

Motivar al personal – ya sea a tus empleados o a tus propios hijos – es cada día más difícil. Parece que hoy los valores ya no son los de antaño. Y en muchos casos, ni la autoridad del jefe y ni el sentido del deber son interiorizados. Así que, el problema es conseguir que alguien acepte como propios los motivos que a la empresa le parecen más convenientes.

Sin duda, motivar a los empleados es posible. La motivación se puede construir. Con herramientas de siempre: premio, sanción, ejemplo, cambio de creencias, razonamiento y repetición. Yo creo que lo realmente eficaz es utilizarlas todas para realizar trajes a medida. Porque cada uno de estos instrumentos funcionará de manera diferente en cada uno. Pues está demostrado que, dado que nadie puede inventar deseos, sólo queda entrelazar cada objetivo con las expectativas de cada empleado.

Llegan a mis manos muchas recomendaciones sobre cómo motivar a los empleados, elaboradas por responsables de equipos, coachers o departamentos de personal. Todas ellas con pautas tremendamente valiosas, a las que quizás echo en falta un pelín de “visión del pueblo”. Por ello, me animo a compartir ideas que escuchamos en el café y que seguro diríamos en confianza a nuestros jefes. Si nos preguntaran 🙂

Algunos trucos para motivar a los empleados

Primero los básicos

A veces buscamos cuadrar el círculo sin haber comenzado siquiera a trazarlo. Los “factores higiénicos” como horarios y condiciones de trabajo, características físicas de la oficina, salarios o reglas del juego para ascensos y promociones, son probablemente el principal motivo de insatisfacción.

Y entre lo intangible, veo como no hay factor más desmotivante que sentir “falta de justicia” en el trato. Porque las personas tendemos a compararnos.

Y cuando piensas que tu compañero gana más dinero o tiene más simpatía del jefe que tú, aun cuando hacéis lo mismo, tiendes a dejar de esforzarte. Como que la manzana cae del árbol por su propio peso.

 

El tamaño importa

Las metas que orientan son motivadoras sólo si podemos conseguirlas. En plata, si lo que tenemos por delante se ajusta a nuestras capacidades. Si lo vemos muy fácil, lo pasaremos cómo un puro trámite y no aportaremos nada. Pero si nos excede con mucho, no vamos a saber ni por dónde empezar. Y encima, nos agobiaremos.

Pero no sólo nos motivamos por las expectativas de eficacia – si vemos posible hacerlo -, sino por la relación entre el esfuerzo que vamos a tener que hacer y el valor de lo que vamos a obtener a cambio – si nos compensa hacerlo -. Y, puestos a valorar,  depende de cada uno. Lo que siempre funciona es ajustar los retos al perfil y a las expectativas de recompensa de cada persona.

 

Todos somos diferentes

Cada uno tiene sus esquemas mentales. Por ello es altamente motivador tratar lo diferente de manera diferente. Aunque a veces cueste explicar determinadas decisiones al resto del equipo. En todos existe una triada de palancas motivadoras relacionadas con la competencia, la autonomía y la relación. Otros las llaman logro, poder y afiliación.

Lo que en la práctica sucede es que cada uno da a esos conceptos un valor muy diferente. Y lo hace en cada fase de su vida. Este trabajador impecable puede que hoy tenga problemas en casa que les absorban. Sólo es posible que motivar a los empleados y que todos estemos contentos si tenemos en cuenta el momento y las circunstancias personales de cada uno.

 

Fuera suposiciones

Considero importante recordar a quien planifica el trabajo que sus propios esquemas pueden no encajar al resto. Lo que a ti te gusta y motiva puede ser un marrón para quien se sienta a tu lado. Aunque siempre valga el “trata como te gustaría ser tratado”, suponer que todos compartimos motivos y valoraciones puede frustrar a quienes trabajan a tus órdenes.

¿Y cómo hacer para no equivocarse? Pues preguntando. Escuchando mucho. Y no es fácil hacerlo con la bandeja de entrada llena de mensajes. Pero no hay nada que mejore tanto el clima laboral como dedicar unos minutillos cada día a esa charla informal. Te permitirá entender mejor lo que te dicen y adivinar lo que jamás te diremos. Ahí es nada.

El secreto para motivar a tus empleados es personalizar

Todos trabajamos por dinero. Pero casi ninguno trabajaremos más porque nos vayan a pagar más. La recompensa económica tiene un efecto que se diluye rápidamente en el tiempo. La alegría por esa subida de sueldo dura muy poco. La verdadera motivación surge cuando disfrutamos con lo que hacemos. Cuando estamos tan entusiasmados que ni nos damos cuenta de que estamos trabajando.

Conseguirlo sólo es posible cuando quienes planifican tu trabajo consideran la motivación de manera individual. Combinando técnicas y métodos generalistas para construir una imagen única que refleje nuestro particular esquema de retribución, el desafío que nos supone cada tarea y a la habilidad que nos pone a prueba para realizarla.